EL COMPROMISO DE LA ORDEN HOSPITALARIA SAN JUAN DE DIOS

Desde su nacimiento la Orden Hospitalaria siempre ha estado pendiente de las necesidades de los más desfavorecidos. Promoviendo la creación de Centros Asistenciales y estando presente al lado de aquellos que viven en mayor precariedad, abordando el alivio de sus más elementales necesidades sanitarias y trabajando para erradicar su marginación social.

 

La Orden define los centros como:

 

 "Servicios públicos de gestión privada sin ánimo de lucro, orientados a colaborar en el desarrollo del ser humano, para conseguir atender y cuidar los aspectos físicos, psicológicos, sociales y espirituales de las personas atendidas en los centros”

 

Como se enuncia en la Carta de Identidad de la Orden, ésta se distingue por la Disponibilidad y Servicio para lograr en la medida de lo posible, la realización práctica y efectiva  de los principios de integración, normalización y personalización.

 

 El Principio de Integración se opone a la habitual tendencia social de aislar, segregar o abandonar a aquellos colectivos que son propensos a la Exclusión Social.

 

A través del Principio de Normalización nos comprometemos en el constante esfuerzo de rehabilitación de las personas más necesitadas, ofreciéndoles un entorno social lo más normalizado posible.

 

Con el Principio de Personalización subrayamos que en la atención a los necesitados y excluidos, ocupa ante todo la dignidad, el bienestar y el desarrollo del ser humano en todas sus dimensiones protegiendo y potenciando sus facultades físicas, psicológicas, espirituales y morales.

 

Queremos destacar un apartado muy significativo de la Carta de Identidad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios donde podemos leer lo siguiente:

 

 

5.3.5.3. COMPROMISO DE JUSTICIA SOCIAL EN LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS.

 

No es fácil en nuestra sociedad garantizar una equitativa asignación de recursos. Los  grupos de presión, por un lado, y las grandes desigualdades, por otro, pueden inclinar la balanza de forma poco equitativa. Será necesario hacer un esfuerzo de gestión y de educación en los valores para que no siempre se dé la ley del más fuerte. Habrá que considerar las singularidades y tener en cuenta las realidades diversas, pero siempre con el ánimo de un reparto justo de recursos.

De manera especial, se exige estar atentos a la dimensión universal de nuestras vidas y de nuestras obras. Hemos de admitir que hay signos de injusticia en el reparto mundial de los recursos; no nos hagamos nosotros copartícipes de este reparto injusto. Intentemos trabajar por una acción solidaria desde una misión que es universal y desde una visión universal de los problemas

 

 
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